Zumaya, Manuel de

Organista, director de coro y compositor

Mexicano Barroco

Ciudad de México, h. 1678 - †Oaxaca, 21 de Diciembre de 1755

Posiblemente mestizo, nació cerca de la Ciudad de México. A los 10 años de edad, entró en el grupo de niños del coro de la Catedral de la ciudad de México. Allí tuvo un excelente desempeño y  en 1694 las autoridades de la Catedral aceptaron su petición de aprender el oficio de organista y le dieron una ayuda monetaria por la prematura muerte de su padre. Estudió órgano con Joseph de Ydiáquez, el organista principal, y composición con Antonio de Salazar, el maestro de capilla.

Catedral de Ciudad de México (Foto Renato Gómez)

El maestro de capilla era la máxima autoridad del conjunto de música de la Catedral (llamado “capilla musical”): se encargaba de componer la música, de enseñar a los niños y al resto de los músicos, de dirigir el conjunto tanto en los ensayos como en las presentaciones y era responsable de todo lo concerniente a la música que requiriera la Catedral.

Aparentemente alrededor del año 1700  Zumaya fue llevado a Italia en donde estudiaría. Se supone esto en vista de su alto nivel de habilidad en sus escritos, al igual que su completo entendimiento para comprender algunos rasgos estilísticos del barroco Italiano, además de su capacidad para interpretar ópera italiana.

Para 1703, era asistente de Antonio de Salazar. En 1708, Zumaya compuso el drama musical “El Rodrigo”, clasificada como "melodrama" y que podría ser en realidad una ópera o una zarzuela sobre la leyenda del rey, que desafortunadamente se ha perdido. En 1710 Salazar solicitó permiso para abandonar algunas de sus labores como maestro de capilla, debido a que se encontraba mal de salud por su avanzada edad. La lógica dictaba que el tercer músico en rango de la capilla musical, Francisco de Atienza y Pineda, fuera seleccionado como ayudante de Salazar; sin embargo, Manuel de Zumaya obtuvo el nombramiento a pesar de la inconformidad presentada por Atienza y Pineda. El maestro de capilla Salazar siguió enseñando al joven Zumaya. Juntos hicieron una serie de himnos en latín; en ella el maestro compuso la primera parte de cada himno y el alumno la segunda. En 1711, el nuevo Virrey, Don Fernando de Alencastre Noroña y Silva, Duque de Linares, gran aficionado a la ópera italiana, encarga a Zumaya la traducción de libretos italianos y la composición de nueva música para los mismos. El libreto de la primera obra compuesta “La Parténope”, se conserva en la Biblioteca Nacional de México, aunque la parte musical se ha perdido. Es considerada la primera opera escrita por un hombre nacido en América.

Tras el reconocimiento de su trabajo, Manuel de Zumaya fue designado como el organista principal de la Catedral en 1714; en 1715, tras la muerte de Salazar, Zumaya competiría junto a otro estudiante, por el puesto de maestro de capilla, en donde tal concurso lo ganaría por su gran voluntad y habilidad de composición. Para la oposición al puesto compuso el encantadoramente jovial "Sol-Fa de Pedro". Duraría 24 años en el puesto, y supervisaría la copia de una librería completa, valorada de música manuscrita de la catedral y expandiría sus recursos por la orquesta.

En 1738 pasó a ocupar el magisterio de la capilla musical de la Catedral de Oaxaca, siguiendo al Obispo Tomás Montaño, con el que había desarrollado gran amistad y contra las enérgicas y continuadas protestas del Cabildo de la Catedral de México, que pedía que se quedase. Permaneció allí hasta el final de su vida.

Zumaya suele ser considerado el representante más prolijo del barroco musical en el continente americano y posiblemente el más famoso de entre los compositores mexicanos del periodo colonial de Nueva España. Como hemos dicho, fue autor de la primera ópera mexicana, “La Parténope” (1711) con un libreto que luego utilizaría en 1730 Georg Friedrich Haendel para una ópera del mismo nombre.
Sus obras denotan multiplicidad de estilo. Se le considera maestro tanto del antiguo estilo renacentista como del Barroco.

Otra de las composiciones más conocidas de Zumaya, “Celebren Publiquen”, muestra su manejo del sonido policoral propio del Barroco primitivo: con su distribución de los recursos vocales en dos coros de distinto tamaño, copia el estilo de las escuelas corales española y mexicana de principios del Siglo XVIII. Las ricas texturas vocales y las elaboradas partes instrumentales reflejan el estilo "moderno" de Zumaya, alejándose radicalmente de sus anacrónicas composiciones renacentistas.

Compuso, asimismo, numerosas lamentaciones, villancicos, himnos, salmos y otras obras religiosas.
El "Hieremiae Prophetae Lamentationes" es una pieza escrita en anticuado estilo gregoriano. El himno de Zumaya "Angelicas Milicias" presenta su habilidad para combinar grandiosamente la orquesta Barroca y el coro para crear una pieza sublime y majestuosa digna de la propia Virgen María (a la que está dedicado). El interludio "Albricias Mortales", está hecho en gran medida en el mismo estilo de “Angelicas Milicias”.

Coral "Celebren Publiquen"