Rameau, Jean-Philippe

Teórico musical, clavecinista y compositor

Francés Barroco

Dijon, 25 de septiembre de 1683 - †París, 12 de septiembre de 1764

Séptimo hijo de una familia de once hermanos —cinco niñas y seis niños—, Jean-Philippe fue bautizado en la Iglesia de Saint-Étienne de Dijon el mismo día de su nacimiento. Su madre, Claudine de Martinécourt, era hija de un notario, miembro de la pequeña nobleza.

Jean-Philippe Rameau

Su padre, Jean Rameau, primer músico de la familia, era organista en las iglesias de Saint-Étienne y Saint-Bénigne de Dijon. Formado musicalmente por él, Jean-Philippe aprendió las notas antes incluso que a leer.Estudió en el colegio jesuita de Godrans, aunque no permaneció mucho tiempo en las aulas: inteligente y despierto, nada le interesaba aparte de la música. Sus estudios generales se atascaron y tuvo unos resultados tan desastrosos que los propios profesores solicitaron a su padre que los abandonase, padeciendo siempre de una deficiente expresión escrita. Su padre quería que fuera magistrado y comenzó a estudiar derecho, pero Jean-Philippe decidió por sí mismo ser músico.

A los 18 años su padre le envió a Italia para perfeccionar su educación musical: no fue más allá de Milán y no se conoce nada de esta corta estancia, puesto que apenas tres meses después Rameau estaba de regreso en Francia. Más adelante confesará arrepentirse de no haber permanecido más tiempo en Italia, donde «habría podido perfeccionar su gusto».

Hasta los 40 años, su vida está hecha de mudanzas incesantes y mal conocidas: después de su regreso a Francia habría formado parte, como violinista, de una troupe milanesa de músicos ambulantes —Marsella, Lyon, Nimes, Albi, Montpellier—; luego habría residido en Montpellier; en enero de 1702, Jean-Philippe se encontraba como organista interino en las catedrales de Avignon y Clermont Ferrand, luego en París (1706). En septiembre de 1706, Jean-Philippe se presentó al puesto de organista de la Iglesia Sainte-Marie-Madeleine-en-la-Cité, dejado vacante por François d'Agincourt, que fue llamado a la Catedral de Ruán. Elegido por el jurado, finalmente rechazó el puesto —asignado a Louis-Antoine Dornel— por no querer abandonar sus dos otros empleos de organista. En 1707 se publicó un aria suya, «Un duo paysan» en «Les Airs sérieux et à boire», en la editora Ballard. Aparentemente, Rameau todavía permanecía en París en julio de 1708.

Retrato de Jean-Philippe Rameau por Joseph Aved

En 1709, Rameau regresó a Dijon para hacerse cargo, el 27 de marzo, de la sucesión de su padre en el órgano de la catedral. Aquí también el contrato era por seis años, pero tampoco se iba a cumplir, pues en julio de 1713, Rameau estaba en Lyon como organista de la Iglesia de los Jacobinos. Hizo una corta estancia en Dijon cuando falleció su padre en diciembre de 1714, retornando luego a Lyon. Finalmente trabajó de nuevo en Clermont entre 1715 y 1722. Permaneció allí solamente ocho años, en los que probablemente compuso algunos motetes y sus primeras cantatas, y maduró las ideas que darían lugar a la publicación en 1722 de su «Traité de l'harmonie réduite à ses principes naturels». Este tratado, en el que de hecho llevaba reflexionando desde su juventud, situó a Rameau como un músico erudito.

En 1722 o principios de 1723, Rameau estaba de regreso en París, esta vez para quedarse definitivamente. En 1724 publicó su segundo libro de piezas para el clavecín: «Pièces de clavecin avec une méthode pour la mécanique des doigts». Lo que se sabe es que su actividad musical se dirigió hacia las representaciones teatrales de «La Foire» («La Feria»), festejos que se celebraban al aire libre en las ferias de Saint-Germain —de febrero a Domingo de Ramos— y Saint-Laurent —de finales de julio a la Ascensión—.

Iba a colaborar con Alexis Piron —poeta dijonés establecido desde hacía algún tiempo en París, que escribía comedias y óperas cómicas— en algunas obras para las que Rameau escribió la música, de la que no queda casi nada. Así lo hizo en 1723 para “L'Endriague” y, en 1726, para “L'Enlèvement d'Arlequin” y para “La Robe de dissension”. Cuando Jean-Philippe ya sea un compositor establecido y conocido, seguirá componiendo aún música para estos espectáculos populares, como hizo en 1734 para “Les Courses de Tempé”; en 1744 para “Les Jardins de l'Hymen”; y en 1758, ya con 75 años, para “Le Procureur dupé sans le savoir”.

También compuso piezas para la «Comédie Italienne», en especial una pieza que se hará célebre, “Les Sauvages”, escrita con ocasión de la exhibición de auténticos «salvajes», indios de América del Norte. Esta pieza compuesta para clavecín —y publicada en 1728 en su tercer libro de clavecín, «Nouvelles Suites de Pièces de Clavecin»— es una danza rítmica que será pronto retomada en el último acto de “Les Indes galantes”, situando la acción en un bosque de Luisiana. (En las ferias de La Foire conoció también a Louis Fuzelier, que será el libretista de la obra).

El 25 de febrero de 1726 Rameau se casó a los 42 años con Marie-Louise Mangot, una joven de 19 años, buena músico y además, cantante que participó en la interpretación de algunas de las obras de su marido. El matrimonio se instaló en la rue des Petits-Champs, tuvieron dos hijos y dos hijas, y, pese a la diferencia de edad y al difícil carácter del músico, parece que la pareja habría tenido una vida dichosa.

Jean-Philippe Rameau

En 1727 Rameau fue nombrado organista de la Iglesia de la Sainte-Croix de la Bretonnerie —ocupará este puesto hasta 1738, al menos— y concursó, sin éxito, al puesto de organista de la Iglesia Saint-Paul.
Durante esos primeros años parisinos, Rameau prosiguió sus investigaciones y sus actividades de editor con la publicación de «Nouveau système de música théorique» (1726), una obra que completaba el tratado de 1722. Mientras que aquél fue el fruto de unas reflexiones cartesianas y matemáticas, en la nueva obra tiene un papel importante la naturaleza física de la música. Rameau habría tenido conocimiento de los trabajos del erudito acústico Joseph Sauveur, trabajos que sostenían y confirmaban, en el plano experimental, sus primeras consideraciones teóricas. En ese mismo periodo compuso su última cantata, “Le Berger fidèle” (1727), y publicó su tercer y último libro de clavecín —«Nouvelles Suites de Pièces de Clavecin» (1728).

Rameau, con 44 años, tenía una gran reputación como teórico erudito, aunque no había escrito aún ninguna composición musical de envergadura, y eso en una época en que se componía joven, rápido y mucho.

Fue por mediación de Piron, aparentemente, como Rameau entró en contacto con el «fermier général» Alexandre Le Riche de la Pouplinière (1693-1762), uno de los hombres más ricos de Francia y artista aficionado que mantuvo alrededor suyo un cenáculo de artistas del que Rameau formará parte pronto.
Este encuentro determinó la vida de Rameau en los siguientes veinte años y le permitió entrar en contacto con un círculo artístico muy selecto, donde conocería a varios de sus futuros libretistas, incluidos Voltaire y su futura «bête-noire», Jean-Jacques Rousseau, el filósofo que se jactaba de poder enseñarle en materia de música.

Se supone que Rameau dirigió desde 1731 la orquesta privada financiada por La Pouplinière, una orquesta formada por músicos de mucha calidad. Conservó este puesto —en el que le sucedieron Stamitz y después Gossec— durante 22 años. En 1732, los Rameau tuvieron una segunda niña, Marie-Louise, que fue bautizada el 15 de noviembre, y por esa época ya vivían en la rue du Chantre.

En 1733, Rameau tiene ya 50 años. Teórico célebre por sus tratados de armonía, era también un músico de talento apreciable como intérprete, tanto al órgano, como al clavecín y al violín y también al frente de la orquesta. Sin embargo, su obra como compositor se limitaba a varios motetes y cantatas y a tres libros «recueils» de piezas de clavecín, de los que sólo los dos últimos destacaban por su aspecto innovador. En esa época sus contemporáneos de la misma edad —como Vivaldi, Telemann, Bach y Haendel— ya habían compuesto lo esencial de una obra muy importante. Rameau presenta un caso muy particular en la historia de la música barroca: este quincuagenario «compositor debutante» poseía un oficio cabal que no se había todavía manifestado en su terreno predilecto, la escena lírica, donde eclipsaría pronto a todos sus contemporáneos.

El abad Simon-Joseph Pellegrin conoció a Rameau y le proporcionó el libreto de una tragedia musical: Hippolyte et Aricie, que situará de golpe al compositor en el firmamento de la escena lírica francesa. Con este libreto, Rameau plasmó en una obra sus reflexiones de casi toda una vida, por cuanto fue capaz de poner música a todas las situaciones teatrales, a las pasiones y los sentimientos humanos. Seguramente en “Hippolyte et Aricie” se sometió además a las exigencias particulares de la tragedia musical, género que concede un lugar importante a los coros, las danzas y a los efectos especiales de maquinaria.

Estatua de Jean-Philippe Rameau en Dijon

La pieza se montó en privado en casa de La Pouplinière en la primavera de 1733. La obra desconcertó a todos al principio, pero finalmente fue un triunfo. Siguiendo la tradición de Lully en cuanto a estructura —un prólogo y cinco actos—, superaba musicalmente a todo cuanto se había hecho antes en ese campo. La obra no dejó a nadie indiferente: Rameau fue al mismo tiempo ensalzado por aquéllos a quienes encantaban la belleza, la ciencia y la originalidad de su música y criticado por los nostálgicos del estilo de Lully, a los que desagradaban las audacias y proclamaban que se devaluaba la verdadera música francesa a beneficio de un italianismo de mala ley. La oposición de ambos bandos fue tanto más sorprendente cuanto que Rameau profesó a Lully, durante toda su vida, un respeto incondicional, lo que no deja por cierto de sorprender. La disputa es conocida como «Querelle entre les Lullistes et les Ramistes» (o «Querelle entre les Anciens et les Modernes»). Con 32 representaciones en 1733, “Hippolyte et Aricie” consagró definitivamente a Rameau y lo situó en el primer plano de la música francesa. La pieza será repuesta en vida del compositor tres veces más en la Académie Royale de Musique y, ya al año siguiente, en 1734, fue montada en su ciudad natal, Dijon.

Durante los siete años que van de 1733 a 1739, Rameau dio la medida de su genio y pareció querer recobrar el tiempo perdido componiendo sus obras más emblemáticas: tres tragedias líricas —tras “Hippolyte et Aricie”, “Castor et Pollux” en 1737 y después “Dardanus” en 1739— y dos óperas-ballets —“Les Indes galantes” en 1735, sobre un libreto de Louis Fuzelier y “Les Fêtes d'Hébé” en 1739—. Esto no le impidió continuar con sus trabajos teóricos: en 1737 publicó su tratado sobre la «Génération harmonique», en el que retomó y desarrolló los tratados precedentes. “Les Indes galantes” fue repuesta, en su totalidad o parcialmente, cinco veces en vida del compositor y algunas más tras su muerte.

En ese momento, ya famoso, los Rameau se trasladaron al Hôtel d'Effiat, en el número 21 de la rue des Bons Enfans (cerca del Palais Royal) donde Jean-Philippe abrirá en 1738 una clase privada de composición. Vivirán aquí casi nueve años, hasta 1744, cuando se trasladen a la rue Saint Thomas du Louvre, en una de las estancias más prolongadas de su vida.

El 24 de octubre de 1737 se estrenó su segunda tragedia lírica, “Castor et Pollux”, con un libreto de Gentil-Bernard. La obra se beneficia de una música admirable aunque menos audaz que la de “Hippolyte et Aricie” —Rameau no escribió nunca más arias comparables, en audacia, al segundo «Trio des Parques» o al aria de Teseo «Puissant maître des flots»— y termina con un divertimento, la «Fête de l'Univers», después de que los héroes sean acomodados en la estancia de los Inmortales.

En 1739, una tras otra, se estrenaron el 25 de mayo “Les Fêtes d'Hébé” —segunda ópera-ballet, con libreto de Antoine-César Gautier de Montdorge— y el 19 de noviembre, “Dardanus” —tercera tragedia lírica, con libreto de Charles-Antoine Leclerc de La Bruère—.

Tras algunos años en que compuso una obra maestra tras otra, Rameau desapareció misteriosamente durante seis años de la escena lírica, y casi de la escena musical, puesto que no estrenó nada salvo en 1744 una nueva versión de “Dardanus”.

Rameau se consagró probablemente a su puesto de director de orquesta de La Pouplinière, pues en esa época, sin duda, había dejado ya todos sus puestos como organista (el último, en 1738, el de la iglesia de la Sainte-Croix de la Bretonnerie). A partir de 1744 Rameau y su familia tendrán un apartamento en el Palacio del «Fermier-général», en la rue de Richelieu: dispusieron de él durante doce años, aunque probablemente conservaron su propio apartamento de la rue saint-Honoré. Pasarán también todos los veranos en el castillo de Passy adquirido por La Pouplinière, donde Rameau se hará cargo del órgano.

Rameau reapareció en la escena lírica en 1745 y ese mismo año, con más de 60 años, iba a monopolizar casi la temporada con el estreno de cinco nuevas obras que hablan de su vitalidad: el 23 de febrero, “La Princesse de Navarre” —comedia-ballet con libreto de Voltaire, el 31 de marzo, “Platée” —comedia lírica de un estilo inédito, que en el registro cómico fue la obra maestra de Rameau—; el 12 de octubre, “Les Fêtes de Polymnie” —ópera-ballet—; el 27 de noviembre, “Le Temple de la Gloire” —ópera-ballet, con libreto de Voltaire, y por último, el 22 de diciembre, “Les Fêtes de Ramire” —acto de ballet representado en Versalles. Rameau se convirtió en el músico oficial de la Corte: fue nombrado «Compositeur de la Musique du Cabinet du Roi» en el mes de mayo, y recibirá en adelante una pensión anual de 2.000 libras.

Tras el «feu d'artifice» de 1745, el ritmo de producción del compositor va a continuación a ralentizarse, aunque Rameau seguirá componiendo para la escena, de manera más o menos regular, hasta el fin de su vida, y ello sin abandonar sus investigaciones teóricas ni, tampoco, sus actividades polémicas y panfletarias. Así, compuso en 1747 “Les Fêtes de l'Hymen et de l'Amour” y su última obra para el clavecín, una pieza aislada titulada “La Dauphine”; en 1748, la pastoral “Zaïs”, el acto de ballet “Pygmalion” y la ópera-ballet “Les Surprises de l'Amour”; en 1749, la pastoral “Naïs” (para celebrar la «Paix d'Aix-la-Chapelle») y la tragedia lírica “Zoroastro”, pieza innovadora en que suprime el prólogo, remplazado por una simple obertura; en 1751, por último, compuso el acto de ballet “La Guirlande” y la pastoral “Acanthe et Céphise” (para celebrar el nacimiento del duque de Borgoña).

Fue probablemente durante ese periodo cuando Rameau entró en contacto con Jean d'Alembert, que estaba interesado por el acercamiento científico a la música del compositor y que animó a Rameau a presentar el resultado de sus trabajos a la Academia de Ciencias. En 1750, quizás ayudado por Diderot, publicó su tratado intitulado «Démonstration du principe de l'harmonie», una obra que se considera generalmente como la mejor de todas sus obras teóricas. D'Alembert hizo la presentación —el elogio— de Rameau y redactó en 1752 los «Éléments de musique théorique et pratique selon les principes de M. Rameau».

En 1748, La Pouplinière y su esposa se separaron y Rameau perdió en casa de su mecenas a su más fiel aliada. Se acercaba a los 70 años, su actividad seguía siendo prodigiosa y eso dejaba poco lugar a la competencia, lo que exasperaba a más de uno y jugaba ciertamente un papel en los ataques que sufrirá durante la famosa «Querelle des Bouffons» (controversia parisina que enfrentó durante los años 1752-1754 a los defensores de la música francesa agrupados tras Jean-Philippe Rameau y los partidarios de una ampliación de los horizontes musicales, reunidos alrededor del filósofo y musicólogo Jean-Jacques Rousseau, partidarios de italianizar la ópera francesa). Pero la edad no le dio más flexibilidad y siguió apegado a sus ideas.

Las obras para teclado más famosas, en su mayoría piezas breves y atractivas, son muy superiores a sus piezas dramáticas. Su carácter es, con frecuencia, agudo, esencialmente melódico, con grandes exigencias técnicas, buscando determinados efectos tímbricos o estructurales. Estas obras cristalizan la personalidad del principal compositor francés de su época, imaginativo, progresista e innovador de la teoría armónica. Sus obras para clavecín han estado siempre presentes en el repertorio —"Le Tambourin", "L'Entretien des Muses", "Le Rappel des Oiseaux", "La Poule"— y fueron interpretadas (al piano) en el siglo XIX, de igual modo que las obras de Bach, Couperin o Scarlatti.

"Quelle plainte en ces lieux m'appelle" de la ópera "Hippolyte et Aricie" - Mezzo-soprano: Janet Baker