Marchand, Louis

Clavecinista, organista y compositor

Francés Barroco

Lyon, 2 de febrero de 1669- †París, 17 de febrero de 1732

Hijo de Jean Michel Marchand y de Lucresse Ruelle, Louis debe haber recibido las primeras enseñanzas musicales del padre, que era organista y maestro de música en Lyon y desempeñaba un reemplazo técnico en el órgano de la abadía de St. Pierre.

Louis Marchand

Si bien pasó muchos años en su ciudad natal, Louis acompañó a su familia en varias giras después de 1678, con ocasión de la asunción de su padre como organista de la Catedral de Clermond-Ferrand desde 1678 hasta 1684. En su época, Louis fue uno de los músicos más grandes de su país, y con apenas 15 años era organista de la catedral de Nevers.

En 1689 se casó muy joven con Marie-Angélique Denis, descendiente de una familia de organistas y fabricantes de órganos, y prole directa de Louis Denis, constructor y organista de St-Barthélemy. El matriomonio se estableció en París, residiendo en la calle St-Jacques, parroquia de St-Benoit. En aquel período era organista titular de los jesuitas de la citada parroquia y, poco tiempo después, obtiene el puesto de organista el la iglesia de St-Benoît, St-Honoré y St-François.

Edición discográfica de obras de Louis Marchand

Louis Marchand tenía un carácter intrigante, de hecho se sabe que trató de hacer despedir a Pierre Dandrieu del órgano de St-Barthélemy en 1691, lo que le costo una demanda ante tribunales, desde el momento en que Dandrieu no aceptó pasivamente su maniobra, y en 1702, a la muerte de Lebègue, intrigó para impedir la nominación de Mahieux en el órgano de St-Merry.

Su carácter difícil lo indujo a la separación de bienes con la esposa, y sus intrigas, y su vida disipada, lo hicieron perder los cargos en varias iglesias parisinas y en la corte donde, en 1706, había sucedido a Guillaume-Gabriel Nivers como organista de la Capilla real.

En 1707 Louis dejó St-Honoré, los Jesuitas y la Capilla Real; se dedicó a la simple pasión organística, ejecutando piezas en el órgano de Cordeliers gratuitamente, terminando por ser escuchado por el Prícipe de Portugal, de paso en París.

Según los rumores, de hecho, se habría sentido tan acaparado por su ex mujer (la cual le reclamaba permanentemente la mitad de sus ganancias) que, un día de 1713, mientras honraba la misa en la Capilla Real de Versalles, habría abandonado la tribuna (en presencia del rey) a mitad del oficio, alegando que si no se le pagaba más de la mitad de su salario, se vería obligado a cumplir sólo con la mitad del oficio. En contestación a aquel incidente, se le habría aconsejado amablemente marcharse al exilio, con el fin de evitar penas más severas (si bien Luis XIV, a pesar de todo, le había tenido siempre un gran afecto). Emprende entonces -obligado por las circunstancias- un viaje por Europa, en especial a Alemania, donde su virtuosismo le valió un considerable éxito entre los grandes, y también las envidias de sus compañeros músicos que no apreciaban su carácter.

En 1717 eludió un duelo musical que tenía previsto con Johann Sebastian Bach en Dresde. La competencia, sin embargo, no se verificó, ya que Marchand renunció a enfrentarse con aquél; así al menos cuenta la leyenda. Existen otras versiones sobre este hecho, según las cuales Marchand fue derrotado por Bach.

Atravesando Lipsia, Marchand regresó a Francia pasando por Estrasburgo, lugar en que en 1718 pudo tocar en el célebre órgano de Silbermann. En París vuelve a tomar el órgano de Cordeliers, y fue digna de mucha consideración su enseñanza del órgano y el clavicordio, conquistando un gran éxito en esta actividad. Entre sus alumnos se destacan Pierre du Mage, Jean-Adam Guilain y Louis-Claude Daquin. Un accidente en 1725 le dañó el brazo izquierdo, pero esta incapacidad no lo inhibió para continuar su actividad musical, puesto que tuvo éxito tocando con el brazo derecho y con los pedales para el bajo. Murió en París y fue sepultado en el cementerio de los Santos Inocentes.

Como compositor era ya conocido en 1695 por algunas arias publicadas en los “Airs Sérieux” de Ballard y por un “Grand Dialogue” para órgano; fue muy admirado por sus contemporáneos por su enorme facilidad de improvisación. Rameau mismo escribe que nadie igualaba a Marchand en la ejecución de la fuga.

Marchand conoció Italia perfectamente y fue de los émulos de Couperin en el intento de conciliar los gustos francés e italiano. Este aspecto de su actividad aparece sobre todo en sus dos libros para clavicordio en forma de Suite, mientras las obras para órgano (publicadas póstumamente) lo revelan un artista sensible, de rica creatividad melódica, con interés por los recitativos, por los diálogos y los “grands-jeux” dignos de la mejor tradición organística francesa.

Las pocas obras que han sobrevivido en la posterioridad son suficientes para confirmar el gran talento de Louis Marchand.

"Dialogue-Grand Jeu, Basse de Trompette, Recit, Dialogue-Grand Jeu, Trio y Recit" del "Segundo Libro de órgano" - Organo: Joseph Payne