Durón de Ortega, Diego

Organista y compositor

Español Barroco

Brihuega, Guadalajara, bautizado 3 de agosto de 1653 - †Las Palmas, Gran Canaria, 15 de marzo de 1731.

Hijo del primer matrimonio de su padre, sacristán, organista y sochantre de la parroquia de San Juan, donde Diego fue bautizado.

Diego Durón

Fue enviado antes de cumplir los diez años a estudiar al monasterio alcarreño de Lupiana, donde descubre su talento musical en estrecha relación con el compositor fray Benito de Navarra. Luego de quedar huérfanos, él y su medio hermano Sebastián se trasladan a Sevilla en 1674, donde fueron alumnos de Alonso Xuárez, maestro de capilla de la catedral de Cuenca.

En 1676, por recomendación de Alonso Xuárez, se hace cargo de la Capilla de la Catedral de Las Palmas, Gran Canaria, donde en 1685 se ordena sacerdote, adoptando aparentemente el nombre de fray Melchor de Montemayor, mismo con que se conoce a Melchor Cabello Luque (1588-1678), que había ocupado dicho cargo entre 1613 y 1615. Trabajó silenciosamente en Las Palmas durante cincuenta y cinco años, hasta que murió en 1731.

Dejó más de cuatrocientos cincuenta obras, que constituyen uno de los tesoros más valiosos del patrimonio artístico-cultural de Canarias. Se trata sin duda de un polifonista y policoralista de primera fila, entre cuya numerosa producción (compuso 421 villancicos) existen incluso composiciones de inspiración canaria, en las que los textos encierran un marcadísimo interés folklórico. Los villancicos polifónicos eran las piezas que se cantaban en lugar de los Responsorios en el oficio de Maitines de Navidad, pero también para Reyes, Corpus, Santa Ana, la Ascensión del Señor y otras festividades singulares. Diego Durón, imbuido de un espíritu ciertamente teatral, escenifica en sus villancicos estampas de fuerte colorido: los hay de negros que vienen a adorar al Niño Dios, pero también de moros, de portugueses, de asturianos, de gallegos y hasta de polacos. Tiene villancicos representados y cantados, auténticos tropos que los convierten en obras de muy larga duración. Y especialmente interesantes son aquellos en que alternan coros de voces con coros puramente instrumentales, tocados bien por heráldicos ángeles –chirimías–, bien por adorantes pastores –flautas.

Tal, por ejemplo, el villancico representado y cantado entre ángeles y pastores en 1691, así como los llamados “Cuatro tratantes de la plaza”, “El alcalde de Tejeda”, “Los muchachos de Canarias”.

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