Abaco, Felice Evaristo Dall'

Compositor

Italiano Barroco

Verona, 12 de julio de 1675 - †Mónaco, 12 de julio de 1742

Mostró desde sus primeros años particular disposición a la música.

Conservatorio "Felice Evaristo Dall'Abaco en Verona

Le fue permitido por su padre Damiano -connotado jurista- estudiar en su ciudad natal el violín y el violonchelo; y dando en esta disciplina muestras de talento, fue invitado a Módena donde terminó los estudios y aprendió del insigne Vitali los secretos del contrapunto y de la instrumentación.

En 1700 lo vemos en Mónaco llamado a la corte del bávaro Príncipe Elector Maximiliano Emmanuel II, "amador y protector espléndido de la música y todas las artes bellas". Desde aquel momento, no podrá decirse que los años subsecuentes hayan sido en la existencia de Dall'Abaco los más serenos y tranquilos, al haber debido acompañar a su Señor en las afortunadas campañas de guerra de aquel tiempo.

Lo volvemos a encontrar en Bruselas, en París, en Versalles, en Luxemburgo, en todas partes portador de aquella luz que Italia desde milenios tiene la misión de expandir por medio de sus hijos más selectos y de sus obras inmortales en el mundo.

En Mons, donde después de infinitas peripecias y trastornos, el príncipe reúne a sus más ilustres músicos y mejores cantantes, instituye una Academia musical sobre el modelo de la parisina y funda un Teatro de Ópera que hospedará a los más insignes y disputados artistas de su tiempo.

Después de la caída de Mons y la paz de Restatt de 1715, encontramos a Dall'Abaco, nuevamente en Mónaco como maestro concertador en la capilla Principesca donde al lado de Melchor Dardespin pudo desplegar en la paz, en la tranquilidad y en el bienestar ofrecidos por el alto cargo, toda su fecunda actividad de creador, en su plena madurez artística y como ejecutante.

Son de este periodo las “Dodici Sonate per violino e basso” Op. 1, los “Dieci Concerti da Chiesa a quattro parti” Op. 2, las “Sei Sonate da Chiesa y Sei da Camera a tre parti” Op. 3 que dedica a Leopoldo I, duque de Lorena. En todos sus trabajos y especialmente en los primeros, no olvidando nunca de ser sobretodo y antes que todo italiano y véneto, escribía después de su nombre: "Ciudadano veronés".

Algunas de estas composiciones enriquecen los archivos de las bibliotecas de Viena, París, Berlín y Londres. Escribe además “Dodici Sonate per violino e basso” Op. 4 publicadas también por Chédeville en una reducción para musetta, flauta, oboe con bajo continuo; “Sei Concerti a sette parti” y los famosos “Concerti per violino solo” Op. 6. Alguna composición la encontramos inserta en la Colección Collegium musicum de Riemann, otras publicadas por Schott, otras por la Casa de Lipsia "Breitkopf und Haertel"; mientras que muchísimas otras composiciones se han perdido.

Es sabido que él sobresalía a tal grado en el arte instrumental que a menudo los conciertos que ofrecía a los amigos en su casa, asumían la importancia de verdaderos acontecimientos artísticos a los cuales el propio Príncipe Maximiliano quería asistir con toda la alta nobleza de Mónaco.

Pero lo que permanecerá verdaderamente en el transcurso del tiempo, desafiando los embates y las corrientes de todas las escuelas, serán las “Sonate da Chiesa” donde, especialmente en los adagi, el veronés ha logrado potentes expresiones pinceladas por cálidas oleadas de melodías nobilísimas en medio de atrevimientos de modulaciones y contrastes.

Es justo, en fin, reivindicar y recordar que nuestro compositor fue el primero en adoptar instrumentos de viento de madera en la orquesta, provocando una verdadera revolución en la ciencia físico-acústica y sobretodo tímbrica de la instrumentación, y fue el primero en adoptar en sus piezas los solos instrumentales.

Muerto en 1726 su generoso protector, Dall'Abaco permaneció todavía en la Corte bávara; pero no pudiendo Carlos VII continuar brindándole aquellos honores y aquel apoyo material de los que su predecesor fue tan pródigo, vivió los últimos años en la inercia y el olvido.

Murió en Mónaco en el día de su sesenta y siete cumpleaños y el principado monegasco tributó a este gran veronés que se desempeñaba en tierra extranjera solemnes y cálidas honras.

Cada trabajo de este maestro, en realidad, está impregnado de una frescura melódica y una riqueza armónica que puede estar a la par, si no alguna vez superar, a la de su contemporáneo Arcangelo Corelli de Fusigano que, como sabemos, ha sido considerado digno de estar sepultado en el Panteón junto a los restos del divino Rafael. Sus obras, de un nivel tan alto como las de Torelli, nada tienen que envidiar a las mejores de un Veracini, de un Steffani, de un Stradella, y pueden servir de modelos a las nuevas generaciones para abrir vastos horizontes y descubrir las riquezas y bellezas de la música instrumental del seiscientos y setecientos.

El Conservatorio de Verona, honrando la memoria de tan destacado maestro, lleva hoy con mucha justicia el nombre de “Felice E. Dall'Abaco”.

Adagio de la "Sonata Nº 2 en Re menor, Op. 1"